Después del accidente ferroviario en la provincia de Toledo, el ministro español de Transportes, Óscar Puente, habló de un posible «error humano» y mencionó que el sistema de señalización LZB habría fallado alrededor de las 08:30. La avería provocó la detención automática de varios trenes, y posteriormente el centro de control habría autorizado la reanudación de la marcha de un tren de Renfe, una decisión considerada «inexplicable», posiblemente relacionada con un error humano. Las autoridades abrieron una investigación para esclarecer las causas de la colisión.
Paralelamente, las autoridades organizaron apoyo para las víctimas y sus familias, y el Gobierno decretó tres días de luto nacional. En Madrid, decenas de personas protestaron exigiendo explicaciones y que se asumieran responsabilidades, mientras que en la red ferroviaria los conductores iniciaron una huelga para reclamar medidas de seguridad adicionales, en un contexto de críticas por el mantenimiento de la infraestructura.