En los días previos a las elecciones de mitad de mandato, Donald Trump afirmó que los comicios eran «los acontecimientos más importantes» en la vida de los estadounidenses y movilizó a sus partidarios en la campaña, atacando a los candidatos demócratas y presentando la votación como una confrontación directa con la agenda de la Casa Blanca.
En ese momento, también advirtió que solo aceptaría el resultado si las elecciones eran «justas» e intensificó los mensajes sobre supuestos fraudes, prometiendo incluso recompensas por información que condujera a condenas. Al mismo tiempo, Trump reiteró que, si se imponía, colaboraría con los demócratas, pero indicó que disponía de un «poderoso» derecho de veto.
El resultado se esperaba en el contexto de un descontento reflejado también en las encuestas y los análisis de los medios: la prensa y los debates de campaña estuvieron dominados por temas económicos y por la guerra con Irán, mientras que el debate electoral se presentó con frecuencia como una prueba para la administración Trump, no solo para los candidatos.