Bulgaria, la nación más pobre de la UE, se prepara para adoptar el euro el 1 de enero, convirtiéndose así en el 21º país de la zona euro. A pesar de las expectativas de estímulo económico, existen temores relacionados con la inflación y la desinformación rusa que afectan la confianza de los ciudadanos.
Una encuesta reciente muestra que el 51% de los búlgaros apoya la transición al euro, mientras que el 45% se opone. La inestabilidad política y la corrupción han contribuido a la polarización de la opinión pública. Muchos búlgaros, especialmente aquellos de áreas rurales y los jubilados, temen el aumento de los precios durante la transición. Además, una red de desinformación relacionada con Rusia ha intentado socavar el apoyo al euro. Sin embargo, algunos ciudadanos siguen siendo optimistas, considerando que la adopción del euro traerá beneficios a largo plazo.
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