Un Informe del Consilium Policy Advisors Group (CPAG) muestra que Rumanía tiene simultáneamente el porcentaje más bajo de estudiantes que trabajan durante sus estudios y la tasa más alta de jóvenes NEET (jóvenes que no están ni en el sistema educativo ni en el mercado laboral) de la Unión Europea (15–29 años). Solo el 1,2% de los jóvenes que están en educación tienen también una actividad en el mercado laboral, frente a una media europea del 11,6% y más del 30% en países nórdicos como los Países Bajos o Dinamarca. Al mismo tiempo, el 19,4% de los jóvenes rumanos no están ni en la escuela, ni empleados, ni en formación profesional – casi el doble que la media de la UE del 11%.
El análisis se basa en los microdatos de la encuesta europea de fuerza de trabajo (EU-LFS) actualizados en diciembre de 2025, que permiten una descripción detallada del estado educativo y ocupacional de los jóvenes en todos los estados de la UE. Dos indicadores sintéticos son centrales: SELRATIO, que mide la proporción de jóvenes que combinan la educación formal con el trabajo, y UNEMPRATIO, la tasa de desempleo entre los jóvenes.
Un sistema segmentado: “estudia ahora, trabaja después”
El informe describe una separación casi completa entre educación y trabajo en Rumanía: el 97% de los jóvenes que están en educación formal no participan en absoluto en el mercado laboral, frente al 71,4% de media en la UE. En comparación, en los Países Bajos, el 74,3% de los estudiantes tienen un trabajo junto a sus estudios, y en Dinamarca más de la mitad son empleados. Rumanía se encuentra en el “Grupo 5” europeo, un modelo intermedio, pero se sitúa en el extremo inferior: solo el 8% de los jóvenes desempleados y el 1% de los inactivos logran pasar cada trimestre a un trabajo, las tasas de transición más bajas de este grupo.
Esta “transición secuencial” – primero la escuela, luego, eventualmente, el trabajo – significa que la mayoría de los rumanos terminan sus estudios sin experiencia profesional y con dificultades adicionales para encontrar su primer empleo. Los autores hablan de un “gap de transición” estructural, que reduce la acumulación de capital humano, limita las competencias prácticas y empuja a los jóvenes hacia el desempleo, la inactividad o la emigración.
¿Quiénes son los jóvenes NEET: sobre todo mujeres, sobre todo en el campo
El retrato de los NEET es claro: el 63% de estos jóvenes son mujeres, y la diferencia de género es una de las más grandes de Europa. La tasa NEET entre las mujeres alcanza el 25,2%, frente al 14% entre los hombres, lo que significa una brecha de 11,2 puntos porcentuales, en comparación con una brecha media de solo 2,1 puntos en la UE. En términos absolutos, aproximadamente 588.000 jóvenes rumanos entre 15 y 29 años están fuera de cualquier trayectoria educativa o profesional, de los cuales 371.000 son mujeres.
El perfil educativo es preocupante: el 24% de los NEET no han terminado la secundaria, el doble que la media de la OCDE del 13%. En el caso de las mujeres con educación reducida, la tasa NEET ha aumentado del 28,8% en 2016 al 44,1% en 2024, en sentido inverso a la tendencia europea. El abandono escolar temprano aparece como el principal factor “upstream” del fenómeno, al que se suma la disminución de la tasa de graduación de estudios superiores entre los jóvenes adultos (del 26% al 23% entre 2019 y 2024).
La dimensión territorial agrava la ruptura. En las grandes ciudades, Rumanía converge con la media de la UE, e incluso se encuentra mejor en el caso de los hombres: la tasa NEET de los jóvenes masculinos es del 4,5%, por debajo de la media urbana europea del 9,7%, y en mujeres las diferencias son mínimas (10,4% vs 10,6%). En las pequeñas ciudades y suburbios, la tasa NEET entre mujeres sube al 28,5% (frente al 12,8% en la UE), y en el ámbito rural alcanza el 34,8%, 2,5 veces la media europea para mujeres del campo (14,2%). El Sudeste y el Centro son las regiones con las tasas NEET femeninas más altas, 37,7% y 32,7%, respectivamente, con brechas de género de más de 15 puntos porcentuales.
Percepciones, salarios bajos y “la estrategia de la emigración”
Una encuesta de INSCOP de 2025, citada en el informe, muestra que el 43,2% de los jóvenes de 18–35 años no están empleados, especialmente aquellos menores de 25 años, mujeres, habitantes del rural y personas con educación baja. De aquellos que enfrentan barreras para el empleo, el 43,6% indica los bajos salarios como el principal obstáculo, seguidos a gran distancia por la falta de experiencia (25,6%), problemas geográficos (8,7%) o la falta de coincidencia entre la formación y los puestos de trabajo disponibles (8%).
La insatisfacción con el nivel de remuneración alimenta una orientación masiva hacia la emigración: el 66,2% de los jóvenes encuestados consideran que trabajar en el extranjero mejora el nivel de vida, y el 27,6% declara que tiene la intención de irse a trabajar o estudiar en los próximos 12 meses. Casi dos tercios de los potenciales emigrantes invocan los mejores salarios como la principal motivación.
El informe insiste en que el problema no es la falta total de puestos de trabajo, sino sobre todo la percepción sobre la débil relación entre salarios y costo de vida. Solo el 27,5% de los jóvenes ya empleados consideran que están bien remunerados, una proporción similar (28,3%) está explícitamente insatisfecha con sus ingresos.
Explicaciones estructurales: educación rígida, mercado laboral frágil
Los autores avanzan un conjunto de factores que, en conjunto, transforman a Rumanía en un caso particular en la UE y dificultan cualquier corrección puntual. El sistema educativo se describe como rígido, centrado en programas con asistencia y horarios fijos, poco adaptados para permitir a los estudiantes trabajar a tiempo parcial o entrar en fórmulas de educación dual. Existen formas alternativas (asistencia reducida, enseñanza a distancia), pero estas siguen siendo marginales y no ofrecen un marco generalizado para combinar estudios con trabajo.
El mercado laboral está marcado por una alta tasa de trabajo en negro, un nivel de ocupación total por debajo de la media de la UE y barreras específicas para los jóvenes de 15–24 años, cuya tasa de ocupación es de solo 18,7%, muy por debajo de la media europea. La tecnología y la inteligencia artificial complican aún más la entrada al mercado laboral: muchas tareas rutinarias asociadas a puestos de nivel inicial se están automatizando, reduciendo la demanda de trabajos tradicionales de “aprendizaje en el lugar de trabajo” para principiantes.
El marco legislativo y fiscal ha desalentado, en los últimos años, los contratos a tiempo parcial, típicamente preferidos por los estudiantes: el cálculo de las contribuciones sociales al nivel del salario mínimo incluso para los contratos a tiempo parcial ha aumentado los costos para los empleadores. Aunque existen excepciones para algunas categorías (estudiantes menores de 26 años, aprendices), la arquitectura general sigue favoreciendo los empleos a tiempo completo. El sistema de prácticas se percibe como burocrático, y las opciones para trabajos estacionales o de vacaciones están insuficientemente aclaradas y apoyadas institucionalmente.
La demografía acentúa la apuesta: entre 2024 y 2040, se proyecta que la población de 15–64 años de Rumanía disminuirá en aproximadamente un 15%, mientras que a nivel de la OCDE se mantiene relativamente estable. En un contexto así, cada cohorte que entra tarde o precariamente al mercado laboral significa pérdidas definitivas de ingresos a lo largo de la vida, menores contribuciones a los sistemas de pensiones y una presión adicional sobre los presupuestos sociales.
¿Qué propone el informe: de “Learn–Work” a fondos europeos
El informe aboga por una respuesta sistémica, no por intervenciones aisladas, y propone cinco direcciones estratégicas de reforma. La primera se centra en la flexibilización profunda del sistema educativo: la expansión de programas a tiempo parcial en secundaria y universidad, el desarrollo de la educación dual según el modelo germano-austriaco, la adaptación de los horarios universitarios y el reconocimiento modular de competencias a través de microcréditos conectados a las necesidades del mercado.
La segunda dirección se centra en estimular la demanda de trabajo para estudiantes y graduados: facilidades fiscales para los empleadores que ofrecen trabajos flexibles a los jóvenes, infraestructura de prácticas remuneradas en sectores con déficit de mano de obra, programas de aprendizaje y posiciones de junior claramente dedicadas a los estudiantes. La tercera implica ajustes legislativos: contratos de entrada simples y predecibles, adaptados al calendario escolar, esquemas claros para trabajos estacionales y a tiempo parcial, así como una correlación explícita entre el tipo de programa de estudios y la intensidad del trabajo permitido.
La lucha contra el fenómeno NEET se aborda a través de intervenciones diferenciadas, que distinguen entre los jóvenes relativamente cerca del mercado laboral y aquellos con múltiples vulnerabilidades. El informe recomienda la identificación activa de los NEET a través de equipos de campo, el fortalecimiento de los servicios públicos de empleo, programas de “segunda oportunidad” para educación, priorizando a las jóvenes del rural en la implementación de la “Garantía Juvenil” y medidas concretas de movilidad (transporte, subsidios de desplazamiento).
Una última dirección pone énfasis en la orientación profesional estructurada, obligatoria, desde edades más tempranas, de modo que los estudiantes conozcan sus habilidades, adquieran competencias transferibles y puedan navegar un mercado laboral transformado por la IA y la digitalización. El informe insiste en que el objetivo no es empujar a los estudiantes hacia profesiones fijas, sino formar una capacidad de adaptación a largo plazo.
En el plano financiero, los autores proponen que Rumanía utilice el próximo marco financiero plurianual de la UE (2028–2034) para negociar asignaciones dedicadas a combatir las vulnerabilidades estructurales: programas de (re)calificación para los jóvenes NEET a través del Fondo Social Europeo, inversiones en transporte rural y periurbano a través de los fondos de cohesión, proyectos de inclusión social y vivienda para jóvenes en alto riesgo, así como el uso de Erasmus+ y el futuro Fondo Europeo para la Competitividad para prácticas, aprendizajes y calificaciones en sectores estratégicos.
La conclusión del informe es tajante: en condiciones de declive demográfico, Rumanía “ya no puede permitirse el costo de la inacción”, y cada generación que pasa por una transición fallida entre educación y trabajo implica una pérdida definitiva de potencial económico y social. El documento propone así pasar de un enfoque fragmentado a un verdadero ecosistema “Learn–Work” en el que la educación, el mercado laboral y las políticas sociales se piensen conjuntamente.
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