Contexto: Audi anunció recientemente una fábrica en Georgia, mientras Volkswagen acelera la reestructuración y se intensifican las tensiones con los sindicatos
Antes de las conversaciones sobre una ampliación de la inversión, Audi había anunciado una primera fábrica en Estados Unidos, en el estado de Georgia, con una inversión de 4,2 mil millones de dólares. El proyecto se presentaba como destinado a producir anualmente unos 200.000 vehículos y a crear aproximadamente 4.500 puestos de trabajo, pero aún no había recibido la aprobación final del grupo Volkswagen (la decisión debía ser validada por los órganos competentes, incluido el consejo de supervisión).
El anuncio se produjo en un contexto de reacciones políticas y sindicales: el jefe de Audi, Gernot Döllner, apareció junto a Donald Trump en un mitin republicano en Georgia, y el sindicato IG Metall y los representantes de los empleados de Volkswagen lo criticaron por haber infringido las normas internas sobre neutralidad política. Paralelamente, Volkswagen acelera la reestructuración en Alemania, con protestas de los empleados en varias plantas y planes para eliminar miles de puestos de trabajo, en un contexto de presiones por parte de la competencia, costes elevados y cambios en el mercado.