Unos días antes, ataques con drones alcanzaron buques comerciales en el mar Negro, cerca de las costas de Bulgaria, y uno de los barcos se hundió. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, condenó «firmemente» los ataques y los describió como «un nuevo frente de escalada» en la guerra de Rusia contra Ucrania, y pidió que los responsables rindieran cuentas. El primer ministro búlgaro, Rumen Radev, anunció que convocaría a la embajadora de Rusia y que informaría a la OTAN; también mencionó que otros dos buques habían sido alcanzados cerca de la costa y que las víctimas constaban como desaparecidas.
En Rumanía, el ministro de Asuntos Exteriores, Dan Neculăescu, calificó un ataque anterior contra un buque comercial situado a unas 13 millas náuticas de Constanța como una flagrante violación del derecho internacional y de la libertad de navegación, en el contexto de la intensificación de la guerra de Rusia contra Ucrania. Las autoridades intervinieron tras la llamada de SOS y, como consecuencia del incidente, se informó de que nueve marineros habían sido rescatados, tres constaban como desaparecidos y uno había fallecido; el buque, con bandera de las Islas Comoras, volcó y sufrió daños importantes, con riesgo de hundimiento. Paralelamente, Dan Neculăescu declaró que Rumanía trabaja con los aliados de la OTAN (incluidas Bulgaria y Turquía) para acelerar la puesta en funcionamiento de capacidades adicionales de vigilancia acordadas en la reunión del Consejo del Atlántico Norte del 20 de octubre.
Después de los ataques, la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, mantuvo una conversación con el ministro rumano de Asuntos Exteriores sobre los efectos de los incidentes en la seguridad regional y el suministro mundial de alimentos, y señaló que siguen manteniendo un estrecho contacto.