Antes de alcanzar el umbral crítico en Cernavodă, el Danubio ya había descendido a niveles negativos récord, llegando a -255 centímetros el 20 de septiembre, y se detuvieron los trabajos de dragado destinados a garantizar el agua para la refrigeración de los reactores. Las autoridades también debatieron medidas alternativas, incluido el uso de embarcaciones o barcazas para dirigir el agua hacia la central.
Posteriormente, debido a los caudales muy bajos (por debajo de la media plurianual del mes), los reactores de Cernavodă no pudieron volver a ponerse en marcha por falta de agua para las bombas de refrigeración, y la Unidad 1 fue detenida de forma controlada el 28 de julio. Paralelamente, el Gobierno aprobó asignaciones para el dragado (5,1 millones de lei), y los planes incluían colocar barcazas para elevar el nivel del agua unos centímetros y prolongar el funcionamiento de la Unidad 2.